Fórmula uniforme, dispositivos superiores y mejor sabor
En pediatría, es muy importante de que el niño tome la dosis correcta sin rechazo. Por lo que tener una suspensión con buen sabor mejora la aceptación del niño y la adherencia al tratamiento. Dosificar en mililitros con pipeta reduce errores frente a medidas caseras. La fórmula de una suspensión se debe agitar para redistribuir partículas y asegurar la dosis correcta.
Por qué el sabor, los dispositivos y la tecnología de suspensión importan en la práctica diaria
En pediatría, la calidad del alivio sintomático no depende únicamente del principio activo, sino también de que el niño realmente reciba la dosis indicada, sin rechazo y sin errores. La fiebre y el dolor son motivos de consulta muy frecuentes; sin embargo, la evidencia clínica y la experiencia en consulta muestran que el reto cotidiano suele estar en la administración en casa: dudas con las unidades, confusión de dispositivos, resistencia del niño al sabor, o “dosis aproximadas”.1
El reporte clínico de la American Academy of Pediatrics subraya dos puntos clave que conectan directamente con el diseño de una suspensión pediátrica: primero, que el objetivo del antipirético debe ser mejorar confort más que “normalizar el número” de la temperatura; y segundo, que la seguridad se refuerza con métodos de dosificación simplificados, concentraciones estandarizadas y dispositivos de administración estandarizados, porque una proporción importante de cuidadores comete errores de dosificación.1
En ese contexto, tres atributos de una formulación como Motrin® se vuelven clínicamente relevantes: buen sabor (aceptación), pipeta dosificadora en mililitros (precisión) y uniformidad de la dosis.2
Beneficios del sabor en medicamentos pediátricos
La evidencia en ciencias sensoriales y formulación farmacéutica describe que muchos principios activos son amargos y/o irritantes, y que en niños esto puede provocar rechazo; si el niño no consume el medicamento, se pierde el beneficio terapéutico. En una revisión clásica sobre optimización de medicamentos orales en niños, se destaca que un sabor no palatable puede frustrar el efecto incluso de fármacos potentes, porque disminuye la probabilidad de ingesta completa.3
Este fenómeno se observa también en estudios con reporte directo de niños. En una investigación sobre percepciones infantiles de medicamentos, una proporción importante de niños reportó haber rechazado medicamentos, y la razón principal descrita fue el sabor.4
La relación entre palatabilidad y adherencia no es teórica: una revisión de alcance (scoping review) reciente sobre medicamentos pediátricos de mal sabor encontró que el impacto del mal sabor se asoció con problemas de aceptabilidad y, en una fracción relevante de estudios, con efectos sobre la adherencia; además, se describen conductas como escupir el medicamento, resistirse o requerir estrategias de administración (incluyendo mezclarlo en alimentos), con el riesgo implícito de dosis incompletas.5
En el caso de Motrin®, el sabor es un facilitador del apego al tratamiento. Este cuenta con sabor fresa-frambuesa en su presentación pediátrica (6 a 24 meses) y sabor a frutas en su presentación infantil (2 a 12 años), precisamente con el objetivo de favorecer aceptación.2
Un sabor aceptable reduce la fricción en la administración, disminuye la probabilidad de rechazo, y aumenta la probabilidad de completar la dosis indicada, lo cual es especialmente valioso en cuadros agudos donde el control del dolor o el malestar por fiebre depende de una dosificación correcta y repetible.5
Pipeta dosificadora en mililitros y reducción de errores
Motrin® cuenta con una pipeta, vasito dosificador y tablas de dosificación expresadas en en mililitros de acuerdo con el peso del niño.2 La tabla de dosificación refuerza tres prácticas:
Preferir el peso sobre la edad2
Usar solo el dispositivo que viene con el medicamento para mayor precisión2
Trabajar en mililitros 2
Esta recomendación es coherente con evidencia experimental robusta. En un ensayo aleatorizado con más de 2.000 cuidadores, la tasa de error al medir dosis líquidas fue alta, pero fue significativamente mayor con otros dispositivos como vasos no graduados que con jeringas/pipetas tipo oral Syringe; además, cuando se usaron instrucciones y herramientas en mililitros solamente se observaron menos errores que cuando se utilizaron unidades tipo “cucharadita”.10
Por eso, múltiples organizaciones de seguridad del paciente y práctica clínica recomiendan abandonar medidas domésticas (cucharadita/cucharada) y estandarizar la dosificación en mililitros, idealmente con dispositivos con marcas métricas claras. Un ejemplo explícito es la recomendación “Choosing Wisely” difundida por la American Academy of Family Physicians: evitar prescribir o administrar líquidos por “teaspoon/tablespoon” y medir solo en mililitros con un dispositivo aprobado.11

También existen recomendaciones técnicas en el ámbito de etiquetado y dispositivos (p. ej., National Council for Prescription Drug Programs) que respaldan el uso consistente de mililitros y dispositivos del tamaño adecuado para la dosis, favoreciendo jeringas/pipetas para volúmenes pequeños.12
Cómo se traduce esto en beneficio clínico real: una pipeta dosificadora en mililitros, acompañada de tabla por peso, no solo mejora la experiencia del cuidador: es una herramienta concreta de reducción de errores de medicación en casa, especialmente cuando las dosis son pequeñas (típicas en lactantes) y cualquier desviación porcentual es clínicamente más relevante.10
Uniformidad y estabilidad de la fórmula
En términos farmacéuticos se traduce en: un principio activo poco soluble (como el ibuprofeno) formulado como partículas finas dispersas en un vehículo, para permitir administración oral y dosificación flexible en población pediátrica. El ibuprofeno es reconocido como un fármaco de baja solubilidad acuosa, lo cual impulsa estrategias de formulación (incluyendo suspensiones) para uso oral.13
Las suspensiones farmacéuticas se caracterizan por la tendencia inherente de las partículas sólidas dispersas a sedimentar durante el almacenamiento. En consecuencia, la restauración de una distribución homogénea del sistema previo a cada administración constituye un requisito funcional del medicamento. La evidencia clásica en materia de uniformidad de dosis y redispersibilidad establece que la exactitud y reproducibilidad de la dosis dependen de la reincorporación completa y uniforme del sedimento inmediatamente antes del uso. En concordancia con ello, las farmacopeas de referencia estipulan que una suspensión debe ser fácilmente redispersable mediante una agitación adecuada, como parte integral de su correcta utilización.14
Esto no es un tecnicismo: es una condición para que “X mililitros” equivalga realmente a “X mg” en cada administración. Por eso, guías de educación sanitaria para administración de líquidos recalcan: si el medicamento está en forma de suspensión, debe agitarse bien antes de usar.
Motrin®, cuenta con una suspensión uniforme que garantiza una dosis precisa y mantiene la integridad del principio activo en toda la solución.2
Una suspensión bien diseñada y agitada facilita la administración, permite ajuste fino por peso en mililitros, y asegura que cada toma tenga uniformidad de dosis cuando se siguen las instrucciones de agitación y medición.14
La dosificación de antipiréticos debe centrarse en el confort del niño y en evitar errores. Motrin® tiene una alta eficacia contra la fiebre y dolor por inflamación desde los 6 meses de edad y alivia los síntomas a partir de 15 minutos y hasta por 8 horas.10, 15
REFERENCIAS:
1. Sullivan, J., Farrar, H, The American Academy of Pediatrics – Fever and Antipyretic use in Children.
2. Información para prescribir. Motrin®
3. Menella J., Beauchamp G., Optimizing Oral Medication for Children Clin Ther. 2008 Nov;30(11):2120–2132. doi: 10.1016
4. Menella J.,Roberts, K., Mathew P., Reed, D. Children’s perceptions about medicines: individual differences and taste.
5. Ranmal S., Walsh J., Tuleu C. Poor-tasting medicines: Part 1. A scoping review of their impact on patient acceptability, medication adherence, and treatment outcomes.
6. El-Sahn M. Tuleu C. Tuleu A, S,ith L. Poor-tasting pediatric medicines: Part 2: Exploring caregiver and healthcare provider values and preferences. Front Drug Deliv. 2025;5:1553292. Doi: 10.3389/fddev.2025.1553292.
7. Mu Y, Liu X, Sun H, Wang Y, Li C. Medication adherence and pharmaceutical design strategies for pediatric patients: An overview. J Pharm Sci. 2023;112(9):2550-2563. doi:10.1016/j.xphs.2023.05.014.
8. Iuga AO, McGuire MJ. Adherence and health care cost. Risks Manag Healthc Policy. 2014;7:35-44. Doi:10.5001/omj.2011.38.
9. Osterberg L, Blaschke T. Adherence to medication. N Engl J Med. 2005 Aug 4;353(5):487-497. Doi:10.1056/omj.2011.38.
10. Yin S., Parker R., Sanders L., Liquid Medication Errors and Dosing Tools: A Randomized Controlled Experiment. 2016 Oct;138(4):e20160357. doi: 10.1542
11. American Family Phisician. Issue 134. https://www.aafp.org/pubs/afp/collections/choosing-wisely/341.html Accesado: Mar 3, 2026.
12. NCPDP recommendations for standardizing dosing in metric units (mililitros) on prescription container lables of oral liquid medications, version 2.0. Am J Health Syst Pharm. 2021 Feb 27;78(7):578–605. doi: 10.1093
13. Kawano, Y. Chen, S., Hanawa, T. Solubility Enhancement of Ibuprofen by Adsorption onto Spherical Porous Calcium Silicate. Pharmaceutics 2021, 13(6), 767; https://doi.org/10.3390.
14. Deicke A., Süverkrüp R. Dose uniformity and redispersibility of pharmaceutical suspensions. I: Quatification and mechanical modelling of human shaking behaviour. Eur J Pharm Biopharm. 1999 Nov;48(3):225-32. doi: 10.1016/s0939-6411(99)00045-4.
15. Barbagallo M, Sacerdote P. Ibuprofen in the treatment of children’s inflammatory pain: a clinical and pharmacological overview. Mib=nerva Pediatr. 2019 Feb; 71(1):82-99.
16. Información para prescribir. Tylenol®
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